viernes, 21 de agosto de 2015

Galería McMichael y el grupo de los Siete

Queridos:
Hace tiempo que Max nos recomendaba visitar este museo, cerca de Toronto. Los museos grandes, si bien llenos de obras, son a veces apabullantes.

Tiene uno a veces la suerte de encontrar estas joyas, colecciones maravillosas en espacios más pequeños, íntimos, cuidados en muchos sentidos, que nos dejan un sabor de boca inigualable. Es el caso de esta galería. Les cuento un poco de historia:

En 1952 Robert y Signe McMichael decidieron comprar 10 acres (cuatro hectáreas aproximadamente) de tierra en el poblado de Kleinburg, Ontario (a una media hora de Toronto). Quisieron construir algo estilo "los pioneros" y lo llamaron Tapawingo.
Empezaron a coleccionar obras de arte de Tom Thomson y el Grupo de los Siete, artistas inspirados en paisajes naturales que evocaban el impresionismo francés, cuya obra se dio en el principio del siglo XX.

Sembraron cada uno de los árboles que hay, y el ambiente es muy especial:




La primera compra de los McMichaels fue Montreal River, de Lawren Harris y Pine Island de Tom Thomson, que es la que les muestro enseguida:


Pero luego se convirtió en su objetivo de vida adquirir la mayor cantidad de obras posibles para hacer honor al trabajo de los artistas canadienses.

Para 1960 cientos de personas visitaban la galería de los McMichaels, que tenía ya 194 obras, algunas compradas y otras donadas generosamente por los artistas.
En 1965, la colección había crecido hasta convertirse en Tesoro Nacional, así que la pareja decidió donarla a la Provincia de Ontario. En julio de 1966, la Colección de Arte McMichael abrió sus puertas oficialmente.

Podría contarles mucho de cada uno de los pintores, pero no quiero cansarlos, si les gustan, busquen en la red, hay muchísima información.

Tom Thomson, que nos parece uno de los mejores, no formó parte del grupo de los Siete, solamente porque murió súbitamente, se ahogó en su canoa apenas cuatro años de haber comenzado a pintar. Una enorme pérdida para el arte canadiense y la humanidad. A pesar del corto tiempo que duró su producción, pintó muchos cuadros, y les mostraré algo más cuando les hable de la Galería de Arte de Ontario, en la siguiente. En esta me concentraré en compartirles un cuadro de cada uno de los otros, todos son hermosísimos:


Spring Garland, Franklin Carmichael


A.J. Casson, White Pine (este cuadro no lo vi, lo saqué de la red para que no faltara ninguno de los Siete, disculpen la mala calidad de la fotografía).


Lawren Harris, Sentinels, 1926. Este pintor fue el más adinerado de todos, y apoyó grandemente el proyecto de los otros, se dice que a él se le debe mucho. Algunos de sus cuadros nos hicieron pensar en el Dr. Atl.




Otro de Harris, para mostrarles el estilo más característico de los demás, Algoma Sketch #2, 1918.


A.K. Jackson, Lake Superior Country, 1918.


Frank Johnston, Moose Pond, 1918.


Arthur Lismer, Pine and Brook, Georgian Bay, 1950.


J.E.H. MacDonald, Woodland Brook, Algoma, 1918.

Aunque hay obras que no se parecen tanto y tal vez más bellas, escogí estas para mostrarles cómo quisieron formar una corriente, que llamaron el Impresionismo Canadiense, que verdaderamente nos da el sabor de este país. Nos fascinaron. 

Sé que no les hago ningún honor a los pintores al mostrarles sólo una fotografía de cada uno. En verdad vale enormemente la pena su obra. Ojalá busquen más para darse idea de la belleza de este grupo, que han enaltecido la pintura canadiense.


Esta humilde cabaña fue el taller de Tom Thomson y la trasladaron al lugar, para poderla mostrar junto con sus obras. Sólo puede visitarse desde afuera.

La visita se lleva un par de horas, pero podría estar allí uno mucho tiempo...

Besos llenos de belleza.





jueves, 20 de agosto de 2015

Toronto Uno

Queridos,
Pues como les decía, ya estamos aquí. Nos ha encantado Toronto, como estamos en un hotel en el centro financiero y el estacionamiento cuesta como si el coche también durmiera en cama, buscamos uno fuera y decidimos usar el transporte público dentro de la ciudad. Es una magnífica manera de "tocar el lugar", ver más de su gente y mirar sus calles con calma, sin el pendiente de dónde estacionar, qué calle tomar, etc. Después de París cualquier ciudad se queda chica, nos pasó igual en Chicago, donde ninguna parada tenía nombre y no se sabía a qué hora llegaría el autobús (o de plano si llegaría). Aquí hay metro y un tranvía muy simpático que hemos tomado varias veces.

Fuimos a la Isla que está enfrente por recomendación de Moni, se toma un barquito y se disfruta pasar un rato viendo el Skyline. Miren:



Por cierto, hay un pequeño aeropuerto pegado a la ciudad pero dentro de la isla, donde vuelan unos aviones pequeños de la línea Porter, y la usamos para ir a Chicago, nos sentimos muy bien tratados (quitando el desastre que fue haber tenido que salir corriendo del Aeropuerto Pearson, del cual creíamos que salíamos, atravesar la ciudad y tomar 4 transportes para llegar a este!! fue la locura...)

Ahorita, ya con calma, qué bonito fue ver a los aviones aterrizar. La siguiente foto muestra uno, a ver si lo encuentran...




Desde el cuarto del hotel podemos ver la torre CN, las luces van cambiando de color cada minuto.


No muy definida la foto, pero con la mejor intención...

Hoy fuimos a las Cataratas, lo que diga es poco, qué experiencia. Como dato cultural, hay un promedio de una muerte por semana en ellas, generalmente por suicidio. Si hasta para morirse hay estilos...


Esta foto está tomada desde la ventana de un restaurante, del Centro de Bienvenida.


Esta otra desde el mismo ángulo, aunque más cerca. El arcoiris siempre aparece, a menos que llueva o sea de noche, dice Ramón.


El barquito es una experiencia indescriptible, pero sólo si hace suficiente calor, si no, puedo asegurarles una buena pulmonía. No se puede tomar foto cuando uno está en medio del agua, ni siquiera se pueden abrir los ojos, es cosa de cerrarlos y llorar de emoción...


Otra cosa que puede hacerse es el Whirpool Aerocar, que es una especie de teleférico que nos llevó por un meandro del río Niágara, donde hay un remolino. Lo vimos a unos 70 metros de altura.



Otra experiencia preciosa es el Mariposario a unos 5 km de las cataratas, donde literalmente hay miles de mariposas volando, se paran en cualquier lado, no puede uno creerlo...

Habrá más Toronto, para compartirles su arte, mientras los dejo con su naturaleza.

Besos torontonianos (cada vez el gentilicio está más chistoso!!)

lunes, 17 de agosto de 2015

Más arte en Chicago

Queridos,
Ya estamos en Toronto, pero al hacer la revisión de las fotos, me di cuenta que tengo cosas hermosas que no puedo dejar de compartir antes de entrar de lleno a lo siguiente.

Así que me permitiré mostrarles unas cuantas más del Instituto de Arte de Chicago y una historia de la arquitectura del barquito, antes de pasar a la siguiente en un par de días.



El combate de Giaour y Hassan, de Eugène Delacroix, 1826.


Camino al mercado, Constant Troyon, 1858.


El esclavo cautivo, de John Philip Simpson, 1827


Bacco alimentando a una pantera, John Deare, 1792.



Este edificio, que creo que es ahora el Hotel Intercontinental tiene esa construcción arriba que originalmente iba a ser para que aterrizaran dirigibles, pero con la tragedia del Hindemburg se acabó el proyecto.


Este edificio tan brillante simplemente me encantó lo que reflejaba, ahi se los dejo...


Un yatecito y por qué no, con su helicóptero para no batallar, no, si hay unos más iguales que otros...



Me apena no poderles dar el autor de estas magníficas esculturas en el Parque Milenium.


Pronto habrá Toronto, con más besos.

viernes, 14 de agosto de 2015

Acá en las alturas

Queridos:

Chicago da para muchas visitas. Parece que uno de sus orgullos es tener el edificio más alto de Estados Unidos, la torre Willis, de 103 pisos, en la que uno paga para irse a parar en un cubo de vidrio  (el skydeck) y sentirse flotando en las alturas.


Claro que como siempre, lo que queda más bello es el recuerdo, la realidad es que para tomar esta siguiente foto hubo que hacer una fila de 20 minutos y ver cómo las adolescentes se tomaban 100 selfis en todas las posiciones y nuestros amigos los chinos usaban el tiempo a sus anchas. Por fin nos tocó a nosotros, (apenas segundos de experiencia), y el resultado fue este: Daba meyo pero me debo a mis lectores y ahí va la foto:


La torre desde abajo se ve así, y esa pequeñísima protuberancia de la izquierda es el famoso skydeck, en el que todo mundo quiere pararse:


No puede faltar el paseo en el barquito que te lleva por las historias de la arquitectura de los edificios más importantes, aquí les van un par, por supuesto de las extravagancias de los millonarios...


Este por ejemplo, es el edificio de la Ópera, que le construyó alguien a su mujer, para que pudiera cantar a sus anchas, se gastó la mitad de su fortuna y el día del estreno fue el famoso crack de 1929, esa noche perdió la mitad que le quedaba y adivinen... por supuesto también a la mujer.


Ese que ven con la punta dorada es el edificio del Hard Rock, el dueño quería que pareciera una botella de champaña, y por qué no cubrirlo de oro...




 El recorrido en el barquito vale mucho la asoleada; dato curioso, se gastaron una fortuna para invertir la corriente del río, que va del lago hacia afuera, esto con la finalidad de dejar de vertir la basura que tiraban de los edificios hacia el lago, el resultado fue que San Louis los demandó por irla a tirar hacia allá, y desde el lago la demanda fue que se estaban llevando el agua... No se puede dar gusto a todos.

Durante mucho tiempo el río estaba tan sucio (asqueroso diríamos) que autocombustionó dos veces, es decir, generó tanto calor que se incendió solito. No sólo en Acapulco se cuecen habas con los desechos de los edificios...

Estando en el departamento que nos prestó el director de la UNAM Chicago, en un piso 42, vimos unos aviones militares que hacían piruetas, en un momento pensamos que se irían a estrellar a algún edificio, miren a la distancia que pasaron:



Nos impresionó mucho.

A pesar de la altura de la torre Willis,  nos gustó más la vista de la torre Hancock, que tiene 94 pisos "nada más". Son 360 grados de un paisaje maravilloso, y aunque no se sube uno en el vidrio, se disfruta con mucha más calma:


Hay un edificio, en plena avenida Michigan (creo que les contaba en la reseña pasada, que es el Masaryk de Chicago), el Chicago Tribune, que tiene incrustadas en las paredes trozos de lo más diverso, desde la catedral de Colonia, hasta un trozo de la Luna, aquí una piedra de la Casa Blanca, que tomaron durante su reconstrucción, en 1950...


Y por qué no, ir a ver jugar a los White Sox al estadio de baseball, con hotdog y todo:





Fuimos a un evento en la UNAM, sobre Chiapas, y nos gustó mucho la música y los cuadros de un japonés que vive allí desde hace 41 años, Akio Hanafuji, que tiene una mezcla interesantísima entre las dos culturas, miren:





Hay un grupo aquí que se llama Sones de México, que nos pone en alto, y la muestra chiapaneca que prepararon para el evento nos gustó mucho. Nos llamó la atención este instrumento, hecho con caparazones de tortuguitas:





Me despido y los dejo con una imagen que vimos en la entrada de muchos edificios, así, casual, como quien pide que no entren mascotas...


Se las dejo de tarea con besos desde lo alto.


domingo, 9 de agosto de 2015

Art Institute of Chicago

Queridos:

Tenemos dos semanas de vacaciones y las estamos pasando en Chicago y luego iremos a Toronto. Como toda ciudad grande y cultural, es hermoso y frustrante. Uno quisiera ver todo, pero el tiempo es limitado y acabamos dando una embarrada...
Hoy tocó el Instituto de Arte de Chicago, el Museo de arte más grande de Estados Unidos. Nos concentramos en lo que nos gusta, para completar la colección que hemos visto en los otros museos europeos, así que nos fuimos a ver el Impresionismo y el arte europeo de antes de 1900... Pero empezamos por una increíble colección de miniaturas que me impresionaron mucho.
Fueron mandadas a hacer por la Sra. James Ward Thorne, para la Exposición del Siglo del Progreso en Chicago, en 1933. Son 68 miniaturas de diversos espacios desde el siglo XIII hasta los años 30s.
En 1940, la Sra. decidió donar su colección al Instituto y se instaló en la Galería James Ward Thorne. Es impresionante ver el detalle con el que están hechos los muebles, los adornos, cuadros y libros. Les comparto unos cuantos:




Para darles una idea, estas sillas miden ¡unos dos centímetros! La sala completa mide 15 cms. por 20. Es una verdadera extravagancia.



Esta silla mide unos dos centímetros, imaginen el tamaño de la jarrita...


De los cuadros que vimos me gustaría compartirles todo, pero me limitaré a unos cuantos para no cansarlos.


Mendigo (filósofo), de 1856 a 67, de Edouard Manet.


Un detalle de otro Mendigo,  (otro filósofo, ¿les sabía algo o les hablaba al tanteo?) también de Manet de la misma fecha que el anterior.


Fugitivos, de Honoré Victorian Daumier, 1850.


Estas cabezas caricaturescas, de varios autores me parecieron fantásticas.


Tiene una pequeña sala del estilo del Orientalismo del D'Orsay, y nos encantaron estas dos esculturas,
esta de Charles-Henry-Joseph Cordier, el busto de Abdullah, de los Darfour, de 1848.


Esta, del mismo Cordier, Busto de una mujer africana, de 1851.


Este pequeño cuadro me llamó la atención, de Dinamarca, Joven Clérigo leyendo, de 1836, de Martinus Roubye.


El Palacio de Cristal, de Camille Pisarro, 1871.

En la calle Michigan,  el equivalente el Paseo de la Reforma, esquina con Washington, hay otro Centro Cultural de Chicago, donde está la Biblioteca Municipal, nos recomendaron ver un domo,   según esto el más bello de Tiffany, aunque creo que el de las Galerías Lafayette en París se lo lleva...
A ver qué opinan.



Aquí uno de los laterales en mosaico...


Con esta pequeña muestra de arte los dejo, queridos.
Besos chicaguenses (sorry, así se dice...)