sábado, 4 de noviembre de 2017

Tallin

Queridos,
Pues seguimos con el Báltico, y llegamos a Tallin, la capital de Estonia.

Un poco de historia:
Ocupa una superficie de 159,2 km² en los que habitan 446.055 habitantes, lo que la convierte en la ciudad más poblada de Estonia (con 1,300,700 habitantes) y su principal puerto. Está situada en la costa norte del país, a orillas del golfo de Finlandia, a 80 km al sur de Helsinki.
Tallin es el centro político y económico del Estado. La ciudad alberga la sede del Riigikogu (Parlamento de Estonia), el palacio presidencial y los ministerios. Además, en ella se encuentran radicadas la bolsa y las principales empresas del país.



La ciudad surgió como un puerto comercial en la ruta marítima que unía Europa Occidental con Rusia y conoció su máximo apogeo como ciudad hanseática en plena Edad Media. Tras la independencia de Estonia en 1991 Tallin ha vuelto a resurgir, esta vez por medio del turismo y la apuesta firme por las nuevas tecnologías.

Dada su geografía, como punto estratégico entre Escandinavia y Rusia,  ha estado en diferentes épocas en poder de los suecos, daneses, alemanes y rusos.

Como ya es nuestra costumbre, al bajarnos del barco tomamos el Turibus (Hop-on hop-off, que en este caso tiene 3 recorridos), desde nos dimos cuenta de lo que podía ser interesante. Ciertamente hay bastante del primer recorrido que nos pareció anodino, y después de todo el trayecto nos bajamos cerca del centro, que le llaman Ciudad  Vieja. 

Se puede entrar por la puerta de Viru,



o por otras callecitas más escondidas,



Como les decía, mucho del interés se encuentra en esta zona. Compartimos un rato con Fabián y Fer,


Fabián ya conocía y nos recomendó el restaurante Draakon, donde puede uno comer como si estuviera en la época medieval,


comiendo con las manos si hace falta...

Como no teníamos hambre, me conformé con "moverle a la sopa".


Hay muchas cosas que hacer en Tallin (que nosotros no hicimos), museos, paseos, parques, iglesias...

Nos limitamos a darle una vuelta a la ciudad vieja y a "sentir" el lugar. Y así uno siempre acaba encontrando cosas interesantes y divertidas.


Esta callecita estaba llena de tiendas de artesanos de la región, de lana, cuero, fierro o cerámica, como esta señora a la que le compramos un par de piezas y nos las envolvió muy orgullosa, enseñándole a su hija cómo hacerlo:


También nos mostró un libro en el que expone la calidad de su trabajo.


Otros rincones lindos:





Aquí pensando en nuestros perros salchichas queridos (y ya en otra vida...).

Tomamos de nuevo el Turibús y esta vez nos llevó por una parte más moderna de la ciudad, con casas muy bonitas, en medio del bosque, y una de las paradas es la Torre de la Televisión, a la cual se puede subir (aunque no lo hicimos), esta foto de la red:



Otra escultura que nos gustó fue la Russalka (esta imagen también de la red, porque desde el autobús estaba difícil):


Esta, más moderna nos llamó aún más la atención, no tanto por su belleza, sino por su significado:


Es un homenaje a Charles Leroux, un paracaidista americano que se lanzaba desde un globo aerostático. Nació en Connecticut en 1856, y murió aquí en Tallin, el 12 de septiembre de 1889. Había tenido un exitosa gira por Europa y esta sería su última exhibición. Los vientos estaban muy fuertes, y a pesar de esto, aprovechando una pequeña mejora en el clima, decidió lanzarse. El paracaídas no se abrió y eso acabó con su vida. La escultura entonces, es precisamente la imagen de ese paracaídas enredado...

Terminamos el recorrido con esta imagen del puerto de Tallin:


Besos estonios.

domingo, 22 de octubre de 2017

Warnemünde y Rostock

Queridos,

Después de pasar un día en Copenhague, el barco la emprende por el Báltico y el primer puerto que toca es Warnemünde. Este es un pequeño pueblo desde donde llevan a los pasajeros a Berlín en tren. El trayecto es de dos horas y decidimos no ir, habíamos estado hace unos años allí y nos daba flojera la embarrada que pueden darte de ciudad en un sólo día. Así que decidimos pasear por el pueblito, y tomar un tren hacia Rostock, una ciudad a media hora de allí.

Un poco de historia:

La historia de Rostock comenzó alrededor del año 1200, con el establecimiento de comerciantes alemanes, y como ciudad hanseática mantuvo amplias relaciones comerciales con el Norte, el Este y el Oeste de Europa. El estuario del río Warnow, a cuyas orillas se encuentra la ciudad, representaba el emplazamiento ideal para una ciudad y puerto comercial.




En 1419 se fundó aquí la primera Universidad del Norte de Europa. La prosperidad y la situación estratégica de la ciudad provocaron la envidia de los daneses y suecos, que la ocuparon dos veces: La primera durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la segunda entre 1700 y 1721. Entretanto, un gran incendio había destruido buena parte de la ciudad (1677). La reactivación económica llegó con la industrialización a mediados del siglo XIX. Entonces contaba con la mayor flota mercante de toda la costa báltica. Sin embargo, este progreso se terminó de forma abrupta como consecuencia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y de la depresión de los años treinta.


Durante el régimen nazi, Rostock fue la sede de una potente industria aeronáutica y naval que proveía de armamento al ejército alemán. Los primeros aviones de reacción fueron desarrollados y probados en la ciudad. En la Segunda Guerra Mundial, los aliados bombardearon intensamente la ciudad durante 1942 con el objetivo de destruir el entramado industrial. Como resultado, la ciudad quedó casi completamente devastada. En 1945 fue tomada por el Ejército Rojo, y formó parte de la zona de intervención soviética y, más tarde, de la República Democrática Alemana (RDA).
Durante el periodo de la RDA, la ciudad fue considerada como el símbolo de la recuperación de la Alemania Oriental. Fue reconstruida en su práctica totalidad siguiendo la planta y el diseño previo a la guerra, y los edificios del casco antiguo fueron restaurados. En esta época, Rostock fue el principal puerto comercial de la RDA, y el comercio y la construcción naval centraban su economía.
Tras la Reunificación Alemana, continúa siendo el motor económico del Estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, si bien la capital se encuentra en la ciudad de Schwerin.

Estas dos imágenes de arriba fueron tomadas de la red, nosotros en el autobús no tuvimos esa panorámica.

Ya en la plaza principal nos dedicamos a divertirnos.


Muchas veces he dicho que los mejores momentos de los viajes los pasamos con una copa de vino en la mano, sentados en alguna  plaza, comiendo el plato de la región, y viendo pasar todo tipo de personas. Este fue el caso.



Sentados en la plaza teníamos a un lado esta iglesia,


y en la otra esquina el Ayuntamiento.

En medio, estas dos esculturas:


Yo señalando lo obvio...


...o aprovechando una banca diferente.

Al pasar por la callecita comercial encontramos a este señor cantando ópera, así nomás, y después de dejarle un billetito, nos atrevimos a tomarle un minuto de video, ojalá lo disfruten:

https://youtu.be/c8oThg285A0

Después de un par de horas en esta linda ciudad, regresamos a Warnemünde, a dar una vuelta por su casi única calle de tiendas. Es un pueblo pesquero cuya economía se complementa con el turismo de cruceros.


En los dos lados del río hay tiendas típicas, donde cada día que llegan los barcos, el pueblo se llena de vida.

Ya de regreso, es muy agradable pasar un rato en el balcón del camarote:


simplemente viendo ponerse el sol...


Besos tranquilos. Continuará...

miércoles, 11 de octubre de 2017

Copenhague

Queridos,

Después de unas semanas de ausencia, volvemos desatados. Llevábamos un año esperando este viaje con los hijos. Lo planearon los grandes y nos incluyeron, lo cual nos hizo sentir honrados. Fabián y Fer, su novia, (que a partir del crucero ya es su prometida) llegaron a París unos días antes y Mariana vino para acompañarnos y pasearlos para que conocieran lugares menos turísticos (aunque no podían perder además lo que todo visitante tiene que recorrer).

Como conocimos varias ciudades, para no agobiarlos, dividiré las reseñas de una por una.

Pasamos unos días hermosos antes de viajar:


Después de 5 días, Mariana se fue y volamos hacia Copenhague.

La mejor forma que hemos encontrado para ver lo más posible en poco tiempo, es tomar el Turibus, que en todos los lugares se llama Hop On- Hop Off, y después de dar la vuelta bajarnos en lo que nos pareció lo relevante. A cambio, la visita es un poco de Europaisaje (esos que van en los autobuses sólo embarrándose de lugares y tomando fotos, y luego no sabiendo ni en qué país era qué foto), pero no se puede todo en la vida.

La primera tarde caminamos del hotel al centro y nos encontramos con este parque de diversiones, Tivoli, que parece valer mucho la pena:


Luego pasamos por la estación de trenes, con las que siempre pienso en Juan:




Si además del autobus, el lugar tiene río, lo mejor es tomar el barco que también da una paseadita por los lugares emblemáticos. Los colores son bellos, pero el cielo no ayudó mucho a resaltarlos. Hacía frío y llovía, así que abría la ventana para tomar la foto y la cerraba para no empaparme... Aún así, la guía nos hizo muy agradable el paseo, con su perfecto danés, inglés e italiano.



Este edificio de abajo, la antigua bolsa de Copenhague se construyó entre finales del siglo XVI  y principios del XVII por orden del monarca Christian IV, un gran impulsor de la actividad comercial de la capital danesa. Y en efecto, hasta mediados del siglo XIX el edificio fue escenario de negociaciones y transacciones comerciales que lo convirtieron en uno de los ejes fundamentales de la vida económica danesa hasta que la bolsa fue trasladada a un edificio más moderno.


Es uno de los más famosos y queridos en Copenhague; de corte renacentista y ladrillo rojo (que de un primer vistazo nos recordó a las fachadas típicas de Amsterdam), su diseño corrió a cargo de los arquitectos Lorentz y Hans van Steenwinckel. 

Con sus casi 55 metros de altura, el altísimo chapitel que se ve, sobresale en el contorno de la ciudad. Está compuesto por varias colas de dragón (que acabaron pareciéndose más a unos cocodrilos), concretamente son cuatro, y representan a los cuatro países nórdicos (Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia).

Además de los edificios típicos daneses, nos encontramos también con construcciones modernas muy interesantes, como la Ópera. La Fundación A.P. Møller y Chastine Mc-Kinney Møller donó el Teatro de la Ópera al Estado danés en agosto de 2000 (A.P. Møller fue cofundador de la compañía multinacional danesa Mærsk). En algunos sectores se sintieron ofendidos por la donación privada, en parte porque el costo total del proyecto sería deducible de los impuestos, obligando al gobierno a comprar el edificio. Pero el parlamento (Folketing) y el gobierno danés lo aceptaron en el otoño de 2000. 


Está considerado uno de los teatros más modernos del mundo. Se encuentra también entre las óperas más costosas del planeta con un precio de construcción superior a los 500 millones de dólares.


También aquí puede uno vivir en un peniche, y supongo que es tan caro y complicado como en París.

Los puentes de los canales son tan bajos que le dicen a uno todo el tiempo que cuide la cabeza. Este en especial, el más bajo y angosto de todos, también le piden que no saque ni los dedos, Ustedes juzgarán por qué:




Nos sentíamos dentro de un aparato de resonancia magnética.

Y bueno, no puede faltar en la visita, la famosa Sirenita. Hace unos años recibí unas fotos que mostraban lo que uno espera ver en los lugares y lo que realmente se encuentra. Este es uno de los casos. La Sirenita es el monumento más fotografiado de Dinamarca, con 50 millones de fotos al año. Cuentan que le han cortado la cabeza dos veces (y robado por supuesto), y que al parecer no es la original, sino que los herederos del escultor decidieron poner una réplica y guardar la verdadera para ellos.

Como les decía, uno espera esto:


Y encuentra esto:


Es tan pequeña...

Después del paseo caminamos por las calles del centro, que disfrutamos además por ir juntos:




Encontramos este edificio que no pudimos saber qué era pero nos pareció imponente:



Luego decidimos comer algo típico danés. La comida no parece muy variada. Nos dijeron que así comen las hamburguesas aquí:


Cuando pregunté lo que tenía me dijeron "salsa café" (¡Ah!). Una especie de gravy que me hizo prácticamente dormir sentada... Pero estaba sabrosa.

Después de la visita a la ciudad empezó la diversión: ¡nos embarcamos! Todos muy emocionados...


Besos daneses y continuará...

domingo, 17 de septiembre de 2017

Fundación Louis Vuitton

Queridos:

Nos hablaban mucho de este lugar, no tanto por lo que tenía de exposición sino por el proyecto. De hecho, cuando llegamos resultaba que no había NADA expuesto, y aún así cobraban la entrada para ver el lugar.
Está anunciada como Un iceberg en pleno París, una nube de vidrio que flota sobre el Bosque de Boulogne...




La nave de la Fundación Louis Vuitton es el resultado de un encuentro: el de Frank Gehry, arquitecto estadounidense (autor, entre otros, del Museo Guggenheim de Bilbao, del Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles y de la New York Tower) y de Bernard Arnault, presidente de la Fundación Louis Vuitton y mecenas, que desea promover y apoyar la creación artística contemporánea. Es en pleno corazón del Jardín de Aclimatación, uno de los más bellos de París, donde ambos han logrado crear este lugar excepcional, un recinto emblemático de estos comienzos del siglo XXI. 




Ciertamente, es una obra arquitectónica muy especial. Así lo anuncian: 
El innovador vidrio curvado de la nave transforma realmente los principios de la arquitectura. Se produce entonces un juego sofisticado entre las vigas de madera clara y acero que se entremezclan, favoreciendo de este modo el despliegue de 12 velos de vidrio que reaccionan a la luz. Transparentes, con formas dispares y despegadas de la estructura de hormigón inmaculada, se reflejan también en un espejo de agua.



Antes de ir vimos de qué se trataría la visita: Dedicada a todos los estilos de la creación artística moderna y contemporánea, esta obra maestra arquitectónica de 3.500 m² reúne: 11 salas de exposición, con la colección permanente de la Fundación Vuitton (colecciones de artistas de renombre como Christian Boltanski, Pierre Huygues o Bertrand Lavier).

Pero resultó que al llegar no había ninguna exposición excepto estas en el auditorio:



Es decir, 5 paneles de colores creados por Ellsworth Kelly (1923-2015, EUA). Que me perdonen mis amigos los que aman el arte contemporáneo, pero estas obras en nada cooperan para que aumentemos nuestro gusto por él...

Bueno, a pesar de que no había exposición decidimos pagar la entrada para ver el edificio. Y valió la pena porque realmente el juego que tiene la madera, el hormigón y el vidrio, junto con los espejos de agua le dan a uno el placer de caminarlo.

Algunas escenas:




La vista desde las terrazas es hermosa, ya sea a la Defensa,


Al jardín de Aclimatación,


al bosque de Bologne,



 o con la Torre al fondo, que nos gustó mucho


Fue aquí en las terrazas que encontramos otra Obra, o tal vez debo decir Instalación, Donde viven los esclavos, de Adrián Villar Rojas, 2014, que pretende mostrar la mezcla del ser humano con la naturaleza... (diversas opiniones de quienes la vimos), ¿qué opinan Ustedes?



En la planta baja hay un grupo de espejos muy interesante, nos pusimos a jugar como niños Emilia, Ramón y yo:







Los pasillos y la mezcla de la arquitectura con los espejos de agua es también muy interesante:







Decidimos comer en el restaurante, que además de bonito (nos gustó el móvil), resultó delicioso:



Nos sorprendió un sashimi de pulpo, un ceviche de quinoa y unos camarones empanizados:



Valió la visita.

Besos modernos.