sábado, 5 de mayo de 2018

Viaje de los 70 años II

Queridos,
Pues sigo con el relato y las hermosas imágenes que nos regaló este viaje. En Friburgo rentamos un coche para recorrer la zona.
La siguiente parada fue Constanza, ya en pleno lago. Les doy algunos datos:

El lago de Constanza (en alemánBodensee) está rodeado por AlemaniaAustria y Suiza. Su superficie es de 536 km² y el nivel medio está a 395 m de altitud. El río Rin entra en el lago por el sureste cerca de Bregenz (Austria) (en la parte inferior derecha de la foto),  y sale del lago por el oeste en Stein am Rhein (Suiza).1
En su área de influencia viven alrededor de 2,5 millones de personas, mayoritariamente de habla alemana.
Una toma de satélite nos muestra el lago:


La ciudad de Constanza tiene unos 83,000 habitantes y es la más grande a orillas del lago.
Recorrimos, como siempre, sus principales callecitas para sorprendernos con estas imágenes:

Este parece ser el Quetzalcóatl europeo.


Nos llamó la atención lo sencillo y moderno de esa fuente.


Aquí comprobando que Ramoncito sí toma agua a veces...
Y esta siguiente con cara de "yo quiero"


La plaza de la catedral es muy bonita, amplia, y como ven, básicamente vacía:


Algo sobre la catedral:
La Catedral de Constanza1​ (en alemánKonstanzer Münster)2​ es un edificio histórico en Constanza,3​ al sur de Alemania,4​ que sirve como proto-catedral de la antigua diócesis católica de Constanza (disuelta en 1821).
La primera mención de una iglesia en Konstanz dedicada a la Virgen María data del 615. A mediados del siglo VIII, se confirma en un documento que la iglesia fue llamada Ecclesia Sanctae Mariae urbis Constantiae.  Inlcuso Carlomagno la menciona en el año 780.
Se inició en 1962 la restauración del interior y el exterior de la catedral, y se concluyó en 2010. En 1966, se fabricaron doce nuevas campanas, una donación del estado de Baden-Wurttemberg.



Y caminando se nos hizo de noche, aquí una imagen de la torre de la estación del tren, frente al hotel:


Después de gozar esta ciudad, la emprendimos rumbo a Meersburg, del otro lado del lago. Gracias a la tecnología (y mi falta de pericia en ella), en vez de por tierra, acabamos en la fila del ferry que nos cruzó con todo y coche:

Y pues, qué otra, a gozar del paisaje...
Así que en vez de 40 minutos de recorrido, en 11 habíamos cruzado el lago.
Era 17 de abril, el cumpleaños era el 18, así que el festejo empezó desde ese día. 
Me quedé prendada de Meersburg. Cómo me encantaría retirarme en un lugar así. Qué privilegio tienen en algunos países europeos, con un retiro relativamente digno y estos lugares para pasear...
Encontramos un pequeño hotel en lo alto, con una vista privilegiada, miren lo que teníamos frente a los ojos en la ventana del cuarto (el hotel tenía sus propios viñedos):



No, pues así sí.
Después de un buen rato de sol, vista, y descanso, nos fuimos caminando al pueblo, bajando por las callecitas. En el jardín de junto al hotel pastaban tranquilamente tres borregos que hasta nombre tenían:

Jade, Lolo y Momo. Por qué no...
Y en el camino, hermosos detalles, como esta casita de pájaros:


Pues les decía que me quedé enamorada del pueblito. Por lo pronto, encontramos un restaurante cuya terraza nos dejaba ver el agua, y con una buena copa de vino en la mano, nos tomamos el pescado más fresco que recuerde:


Veo la imagen y todavía huele...
Ya bien comiditos recorrimos su plaza y sus calles encantadoras:





La zona está llena de tiendas de cucus, me acordé mucho de mi hijo Juan, que cuando era chico veía uno y se iba tras él:


Los aparadores siempre con objetos bellos y originales, como esta escultura que nos encantó.


Me llamó mucho la atención ver esto, una carreola para perros (sin palabras):


Y de regreso al hotel, para recordar el último día de la década de los 60s, un atardecer memorable:



Pues para el desayuno, le reservaron al cumpleañero la mejor mesa:


Desayuno ¡ con champaña !

Aunque no es precisamente champaña, sino el espumoso cosechado precisamente en los viñedos del hotel. Pero nos supo igual de bueno.
Y esta imagen se las comparto porque nos divirtió bastante; resulta que en su muy puro alemán Ramón pidió de desayuno un huevo (uno sólo) con tocino. El resultado del manejo del idioma fue esto:
Tres huevos y con cebollín. Se los dejo a Ustedes.
Besos felices.

domingo, 29 de abril de 2018

Viaje de 70 años I

Queridos,
Después de varias semanas de ausencia, vuelvo a las andadas.  Ramón llegó a la década de los 70s, y decidió que quería pasar su cumpleaños en el lago Konstance, en Alemania. Como la semana anterior había una reunión de trabajo en Estrasburgo, (como la del año pasado, la reunión anual de los estudiantes del CONACYT en Europa) de allí sólo dimos un brinquito a Alemania. Friburgo está a una hora en tren de Estrasburgo, así que todo se facilitó.

Aunque ya reseñé el año pasado esta bella ciudad de Alsacia, no pude dejar de tomar algunas escenas de Estrasburgo, para compartirlas con Ustedes.
El hotel sede de la reunión está muy bien situado, junto al río y a unas pocas cuadras del centro, así que para ir a pasear, cruza uno esta imagen, que me cautiva.


La casa forma parte de un liceo, así que el lugar está siempre lleno de muchachos, ¿se imaginan estudiar en un lugar así? Sospecho que uno no lo valora hasta que pasan los años y vuelve...

Aunque los primeros días estuvieron nublados y fríos, tuvimos algunos momentos de sol, que hacen lucir más las imágenes...



Este edificio frente al río, que no sé que es, se encuentra básicamente frente al hotel, y miren nada más este árbol, cuando me paré debajo me llovió de flores como regalo.



Esta iglesia ya se las había reseñado, también frente al hotel, Saint Paul, pero esta vez, tras las hojas, me pareció de filigrana.



Por supuesto no puede uno dejar de maravillarse con la catedral, en pleno centro, que este día se dejó ver con un ratito de sol para embellecerla aún más.



Y caminando por sus mágicas callecitas,


se llega a la zona que me parece más hermosa, la Petite France. Les contaba la otra vez que el nombre  tuvo su origen a medidados del siglo XVI, en la Edad Media, porque aumentaron en la ciudad (que por aquella época era una villa libre dentro del Sacro Imperio Germánico) los casos de sífilis, conocido como "el mal francés" y para combatir la enfermedad las autoridades de Estrasburgo crearon un hospicio en un antiguo edificio, el Hospice des Vérolés. El muelle situado junto al hospital tomó el nombre de Petite France y con el tiempo acabó extendiéndose y así fue como llegó hasta nuestros días.

Ahora se ha convertido en el lugar más emblemático de la ciudad, lleno de restaurantes y hoteles de lujo. Les comparto algunas imágenes, que seguramente se repetirán con las del otro año, pero espero que les disfruten igual:






Tomamos el tren hacia Friburgo para hospedarnos dos noches allí. Un poco de historia:

Friburgo era gris como la ceniza, pero ahora es verde y quiere ser aún más verde. Esta ciudad ubicada en el sudoeste de Alemania, a los pies de la fabulosa Selva Negra, fue arrasada por las bombas durante la Segunda Guerra Mundial y decidió reconstruirse con un solo propósito en mente: ser la urbe más ecológica y sostenible del mundo.
Y numerosos hitos ("el primero...", "el más..."), además de premios y certificaciones nacionales e internacionales, demuestran que lo ha conseguido en gran medida, si se compara con otros centros urbanos de la misma escala (cerca de 230.000 habitantes).
Uno lo nota al caminar por sus calles. En el centro reconstruido respetando la fisonomía medieval que tuvo desde su fundación en 1120 no se ve un solo automóvil.
Sólo entran camionetas que descargan su mercadería bien temprano por la mañana o taxis que dejan o recogen a visitantes en los hoteles. Los tranvías, bicicletas y peatones son los dueños de la calle.
De inmediato se aprecia el bajo nivel de ruido. Lo que más se escucha es el timbre de alerta de los tranvías, su suave deslizamiento por los rieles, o el bullicio de los 24.000 estudiantes que avivan esta ciudad universitaria.

Llegamos al atardecer el sábado, y aunque todo estaba cerrado, simplemente pasear por sus calles es un placer.




Algo que nos pareció precioso es que en las calles del centro corre un arrollito, en el que los niños juegan con barquitos, o simplemente ponen a flotar unos patos...
Por supuesto no pueden faltar los músicos en la calle, que alegran el paseo:

Su catedral, aunque no tan bella como la de Estrasburgo, tiene lo suyo. Fue construida en tres etapas, la primera comenzó en 1120 bajo el reinado del duque Conrado de Zähringen; la segunda en 1210, y por último, la tercera en 1230. La iglesia se convirtió en la sede del obispado de Friburgo, cuando fue elevada a catedral en 1827.


Y como todo buen domingo, el bullicioso mercado en la plaza, donde se le van a uno los ojos con el trabajo de los artesanos o los productores de todo tipo de alimentos.

El trabajo de la puerta es maravilloso:

Me llamó la atención el púlpito, combinando cantera y madera arriba:


También bellísimo el órgano y los vitrales:


En las afueras, la ciudad cuenta con un jardín japonés, que aunque pequeño, es un remanso de paz frente a un lago donde uno puede sentarse a tomar una buena cerveza.
Algunos rincones del parque:







Y luego, el laguito donde nos pasamos un muy agradable momento:

Hasta aquí los dejo con esta primera etapa del viaje...
Besos de paz.